miércoles, 23 de mayo de 2018

La patria y la nación, según Albert Rivera

Patria, nación. ¿Son lo mismo? Sus derivados, esto es, patriotismo y nacionalismo, ¿lo son también? Para Albert Rivera (como acaba de repetir  Alfonso Guerra, no en cuanto a los derivados. Considera que el patriotismo tiene una connotación positiva, mientras el nacionalismo la tiene negativa. Lo primero resulta incluyente y lo segundo, excluyente. Se asigna la primera, claro, dejando la segunda para quienes, a su entender, quieren destruir España. Gente buena y gente mala. Hace unos meses el patriotismo no salía de sus labios, mientras que el nacionalismo era mencionado repetidamente para remarcar lo que le separaba a él y a su gente de los nacionalistas. De un corto tiempo para acá, coincidiendo con el momento culmen del conflicto catalán, ha ido ganando peso la mención a la patria y el patriotismo, desbancando al nacionalismo, que no la nación, a la que luego me referiré. Han recargado de símbolos a la patria y el patriotismo. Han agrandado los colores y han aprovechado una letra al himno que busca reblandecer corazones de sus gentes. Buscan dar categoría a algo de lo que carecían quienes entonan chabacanamente aquello del "lo-lo-lo-lo...!" o el nostálgico del franquismo "¡Viva España /, alzad los brazos, hijos / del pueblo español!", o hacen valer sus pulsiones con lo de "¡Yo soy español, español...!". Y sobre la nación, para Rivera y sus gentes no hay más que una, que es España. 

martes, 22 de mayo de 2018

Los Beatles en la sórdida noche del franquismo (a propósito de una novela de Alfons Cervera)

Acabo de leer La noche en que los Beatles llegaron a Barcelona (Barcelona, Piel de Zapa, 2017), de Alfons Cervera. Una novela corta, pero muy intensa, y con un subtítulo bastante largo: Crónica de un concierto con doce canciones y alguna que otra sonora interferencia. Una historia que son dos paralelas. La que da título al libro, con los Beatles y sus canciones en la plaza de toros Monumental de la capital catalana, y la que trascurre en los sótanos de la comisaría de policía de la avenida Layetana y una música más sórdida a base de golpes, sangre y muerte. La de la fiesta de quienes en mayo de 1965 acudieron a ver y escuchar a los chicos de Liverpool y la del horror de quienes, provenientes del pueblo de Los Yesares con la ilusión de haber podido participar en ella, acabaron siendo detenidos por la policía franquista. Sin saber por qué. 

Se trata de una novela con una enorme carga simbólica. Contada como una fusión, que no confusión, de momentos que ocurren en los dos escenarios. Un diálogo también entre el pasado y el presente, con la memoria como protagonista. Nos lleva a la noche de la dictadura. Al mundo de la arbitrariedad y de la represión. Nos lleva a un personaje, calcado de uno real, que tenía en su haber una brillante carrera en ese mundo violento. Sin ser nombrado en el texto, sus alusiones nos llevan a un tal Antonio Creix, famoso desde los albores de la dictadura por sus éxitos allá por donde actuó, pero a base de un método en el que no daba tregua a los golpes, la sangre y hasta la muerte. 

Y la novela nos lleva también a quince años después, a 1981, ya en las postrimerías de la Transición. No en vano en el libro aparecen entre las dedicatorias los nombres de Luis Montero García, Juan Mañas Morales y Luis Cobo Mier. Tres jóvenes que viajaron desde Santander hasta Almería para participar en otra fiesta, esta vez la comunión del hermano de uno de ellos (recomiendo ver la película El caso Almería, de Pedro Costa). Si los jóvenes de Los Yesares fueron detenidos por policías de la brigada política quién sabe por qué, los de Santander lo fueron por guardias civiles bajo la acusación de formar parte a un comando de ETA. Y en los dos casos, el de ficción y el real, con los golpes, la sangre y la muerte como final. Y también, con la impunidad de quienes las provocaron. 

Prueba de que aún quedan  por desenterrar muchos pasajes de la memoria colectiva. Como las páginas de la novela "que duermen al raso de una intemperie donde sólo habita lo desconocido".

sábado, 19 de mayo de 2018

Así veía en 1984 a la "generación perdida" de los 60

Corría el año 1984 y me encontraba en un país lejano y hasta extraño: Bulgaria. Allí pasé unos cuatro meses -prácticamente el invierno- y entre las tantas cosas que viví e hice, estuvo el de reflexionar sobre las cosas que iban pasando en el mundo. En España el PSOE llevaba poco tiempo en el gobierno -no llegaba a dos años todavía-, pero el suficiente para que quienes desde el primer momento desconfiábamos de lo que pudiera hacer, viéramos cómo se iban cumpliendo nuestras previsiones. A raíz de una de las cartas que me envió un amigo escribí las reflexiones que publico a continuación. Hay un tono duro, pero mantengo el contenido. Estábamos en el comienzo de una nueva etapa, en la que el neoliberalismo, la recién estrenada estancia en la OTAN y la venidera entrada en la Comunidad Europea iban asomando la cabeza.  


"Hablaba un amigo en la carta que me mandó (…) de “cómo la imbecilidad y el conformismo de los viejos 60 se instalan en el poder y en la cúspide de los valores más consensuados”. No sé si puedo llegar al extremo de llamar imbéciles a los logros de esos años, pero lo que sí digo es que esos hombres de los 60 son imbéciles y habría que ser más duros. Toda una generación, o conjunto de generaciones, que abarcan los años 60 y primera mitad de los 70. Los que hoy mandan en nuestro país. De donde han salido las cabezas rectoras, las que piensan, las que traman, las que ejecutan… Sí, esos hombres que fueron rebeldes en su tiempo –en esos años 60- hoy conservan formas de “modernidad”, pero están vacíos por dentro, porque aspiran a conservar lo que heredaron de los que les precedieron. Asistimos al acto de consagración de una generación que no supo proseguir lo que inició. No sé la razón, los motivos que les llevaron a dejarse comprar. No se puede decir que se hayan vendido caros o baratos. Estar en el poder, en el poder de una clase dominante, minoritaria, reporta muchos beneficios. Que sean más o menos no tiene importancia. Importa el hecho en sí y la rabia que se siente cuando se asiste al espectáculo de los hombres que no supieron decir no cuando se les ofreció escoger entre “bajarse los pantalones” o mantenerlos subidos. ¡Ja!, me río yo de esos que se reían de su capitán o, mejor, “se cagaban en su madre” y algo más, y ahora estrechan su mano con una sonrisa en la cara y… justifican sus existencia y su esencia. Sí, esos años 60, “imbéciles” para mi amigo, para mí quizás no, pero que parieron a unos hombres que han dado nombre a lo que es algo así como la generación perdida".

(Sofía, 29-02-1984)

viernes, 18 de mayo de 2018

Indagando en la crisis de Nicaragua

La situación en Nicaragua sigue generando un amplio debate. Hace unos días, el 12 de mayo, el CELAG (Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica) publicó en su página electrónica un artículo firmado por Silvina Romano, Aníbal García, Tamara Lajtman, Arantxa Tirado, Lucía Converti y Javier Calderón, y
titulado "Primavera democrática en Nicaragua, ¿anticipo del verano... o el invierno?". Hoy Rebelión ha publicado otro artículo, "La izquierda sobre Nicaragua. Entre la soberbia y la ignorancia", firmado por Jorge Capelán y Stephen Sefton. Veamos de qué va cada uno, independientemente de mi sugerencia para leer los dos.

Primer artículo


El artículo publicado en el portal del CELAG parte de la semejanza de lo ocurrido en Nicaragua con las conocidas como revoluciones de colores:

"Las revoluciones de colores y las primaveras democráticas tienen su origen en los países ex comunistas de la Europa del Este, donde se experimentaron por primera vez, aunque trataron de ser extrapoladas sin éxito a países de América Latina como Venezuela. No obstante, fueron instaladas en otras latitudes y son celebradas como movimientos de emancipación autóctonos (pero con apoyo internacional), espontáneos y exitosos (cuando condujeron al derrocamiento de los gobiernos de turno). Iconos de estos procesos son el liderazgo de los jóvenes y posteriormente la incorporación del uso de las redes sociales para convocar movilizaciones masivas (revoluciones 2.0) que por momentos se transformaron en revueltas violentas con respuestas represivas por parte del Estado. Fueron bautizadas como las revoluciones del siglo XXI: los jóvenes y las nuevas tecnologías puestas al servicio de la emancipación. Se centran en los derechos civiles, el derecho de los “ciudadanos”, el derecho a la información, etc.".


No se ahorra en criticar la acción del gobierno nicaragüense en relación a las personas que han estado manifestándose, lo que considera que carece de justificación:

"Es cuestionable y, evidentemente ha sido rebasado por los acontecimientos -como muestra la gran cantidad de heridos y fallecidos por las protestas-". 

Pese a ello, en el artículo se intenta poner de relieve un aspecto importante que ayudaría a entender las raíces de la crisis, señalando "algunas de las características de la asistencia para el desarrollo que está penetrando la vida política de Nicaragua hace décadas". En este sentido señala cosas como las que siguen: 

“las importantes diferencias con vecinos como Honduras, Guatemala e incluso El Salvador, países que luego de los Acuerdos de Paz se encausaron hacia un neoliberalismo violento por medio de diversas iniciativas, la mayoría auspiciadas por el gobierno-sector privado estadounidense”;

“un crecimiento económico y reducción de la pobreza, sus índices de seguridad son infinitamente mayores a los de los países del Triángulo Norte y sus residentes no han tenido que huir hacia la frontera estadounidense en busca de mejores vidas en la misma proporción que lo han hecho los salvadoreños, guatemaltecos y hondureños”;

“también se diferencia de la avanzada del militarismo en la región, en el marco de la ‘guerra contra las drogas’ impulsada por EEUU en los países del Triángulo Norte”;

“el gobierno nicaragüense viene cediendo ante el empresariado local e internacional y las Instituciones Financieras Internacionales, que presionan para un ajuste;  

"La relación de Nicaragua con el FMI se explica a partir de la condonación de deuda que obtuvo el país”.

La reforma en el sistema de pensiones, que se encuentra en el origen de las movilizaciones y protestas, habría que relacionarla con las indicaciones planteadas desde el FMI, teniendo en cuenta la situación económica y, así mismo, su especificidad:

“La reforma propuesta se basó en ampliar el aporte tanto patronal como de los trabajadores y reducir un 5% las pensiones en concepto de atención médica. Asimismo, algo que fue pasado por alto, es la eliminación del límite de aporte con que contaban los sueldos altos. Esta medida es claramente progresiva”.

No falta en el artículo, con el epígrafe “Nicaragua en la Geopolítica estadounidense: hard power, soft power y escenario regional”, la parte correspondiente a las relaciones internacionales, donde EEUU, de un lado, y China, Rusia y Venezuela, de otro, actúan como principales fuerzas en liza. Tampoco falta, relacionado con esto, el acuerdo firmado entre el gobierno y una empresa china para la construcción de un canal entre los océanos Atlántico y Pacífico. Un asunto de máxima importancia, dada la trascendencia que conllevaría de cara al futuro en el contexto de la región. Citando al think tank estadounidense Brookings Institution, se expone:

"El Canal proporcionaría un poderoso impulso comercial a Nicaragua, lo que ayudaría a facilitar la transición ante la merma de la financiación proveniente de Venezuela. Pero si tiene éxito, el proyecto defendido por Ortega, que ha capturado la imaginación popular, podría solidificar la política de partido único en Nicaragua en el futuro previsible. A la luz de la inestabilidad en los Estados centroamericanos del Triángulo Norte (Honduras, Guatemala, El Salvador) y el prisma extra-regional de Costa Rica, un Estado nicaragüense fuerte y unificado podría convertirse en la potencia dominante en el istmo".

Y, por supuesto, en todo esto no podemos olvidarnos del papel que está jugando la embajadora de EEUU, quien, al margen de sus declaraciones sobre la crisis, dispone de una trayectoria que no resulta tan sorprendente:  

“Viene de ser Ministra Consejera en México (2012-2015), y cónsul de ciudad Juárez, caracterizada por la conflictividad y la violencia del narcotráfico, la trata de personas y la venta de armas (de EEUU hacia México). Tiene un recorrido por las embajadas de EEUU en Turquía (2002-2006), Egipto (1999-2002), y en El Salvador (1991-1994) en tiempos del proceso de paz y la firma de los acuerdos. Posgraduada del Colegio Industrial de las Fuerzas Armadas, en 2007, esta diplomática tiene el perfil de ser una embajadora con conocimientos especializados en manejo de relaciones con países “problemáticos” para los EEUU”.

Al final del artículo, a modo de conclusión, se expone lo que puede resultar la clave del problema:


“Lo que está sucediendo en Nicaragua es de máxima gravedad. Es, junto con Costa Rica, el único país de América Central que mantiene líneas políticas, económicas, sociales y de seguridad que tratan de ir más allá de la ortodoxia neoliberal, aunque de manera contradictoria y ambivalente, en una región  sumida en la miseria y la violencia. Pero, a diferencia de Costa Rica, Nicaragua lo hace sin plegarse a los intereses de la política exterior estadounidense. Sin desestimar los errores del gobierno de Ortega en su respuesta a las demandas y sin compartir la respuesta represiva por parte de las fuerzas de seguridad, es fundamental considerar la importancia de Nicaragua en la geopolítica regional, los intereses que pueden estar en juego y los sectores que podrían estar buscando desestabilizar al gobierno de turno”. 

El segundo artículo

Escrito como respuesta al primero, tiene un fuerte tono crítico, lo que puede conllevar que se considere como antitético. Considero que no es así. 

Al principio, reconociendo la capacidad rigurosa del CELAG, busca poner los límites del conocimiento de la realidad nicaragüense:

"desconocen detalles fundamentales y hechos básicos del país. El artículo tampoco muestra que se conoce mucho de lo que se ha escrito en los últimos 10 años sobre Nicaragua, su economía, su política y geopolítica, por diversos medios que recogen análisis de los propios Sandinistas, por ejemplo los aportes del historiador Aldo Diaz Lacayo, de intelectuales como Orlando Nuñez Soto, Carlos Midence y Carlos Fonseca Terán o de analistas como William Grigsby Vado, entre muchos más".   

Estando de acuerdo en lo relativo a los aspectos geopolíticos, se señala su divergencia en la apreciación que se hace del papel jugado por el FMI:

"el CELAG intenta argumentar que el avance de la contrarrevolución en marcha ahora es fruto de las presiones del FMI, no lo creemos (...). Al contrario, la empresa privada se ha juntado a la minoritaria oposición política en Nicaragua en este momento precisamente por motivo de la firme defensa solidaria del gobierno del Presidente Daniel Ortega de los derechos sociales y económicos de la mayoría empobrecida del país. Se trata, entre muchas otras cosas, de la gratuidad de la educación y la salud, los aumentos anuales del salario mínimo siempre 5 o 6 puntos porcentuales por encima de la inflación, el masivo programa de titulación de la propiedad a favor de familias humildes y en general la profunda y amplia democratización de la economía del país, especialmente a favor de las mujeres".

Así mismo, se destaca un aspecto primordial, que tiene que ver con la naturaleza de la economía nicaragüense y con el papel que juegan las inversiones extranjeras:

"el artículo de la CELAG ignora hechos fundamentales sobre la economía política del país. En Nicaragua, la riqueza no la produce la burguesía sino el sector de la economía popular, cooperativa, asociativa y autogestionaria, que produce más de la mitad del PIB y genera más del 70% del empleo. Por ese motivo el gobierno no permitió la entrada de Uber a Nicaragua, por ejemplo. En términos de inversión, tampoco es la burguesía nicaragüense la que más aporta, sino el Estado y los capitales extranjeros - incluso dentro de estos, una parte considerable son capitales muy pequeños, incluso de lógica no-capitalista, de estadounidenses que montan pequeños hoteles y otro tipo de actividades con capitales traídos de sus propios países". 

Sobre las protestas, se aporta una valoración de las mismas, así como del número de víctimas, que resulta muy diferente de las que han circulado mayoritariamente por los medios de comunicación. Un aspecto importante es la mención que se hace al MRS (al que se califica expresamente como "ex-sandinista". En todo caso, ésta es lo que se dice:

"entraron en acción los violentos grupos de choque de la oposición política en el país dirigida principalmente por el Movimiento Renovador de ex-Sandinistas ahora aliados de la extrema derecha estadounidense y beneficiarios durante décadas del financiamiento del gobierno de los Estados Unidos y sus ONGs satelitales. Durante los días 19, 20 y 21 de abril los grupos armados de la oposición política se mezclaron con estudiantes y jóvenes e integraron también cientos de delincuentes reclutados de diferentes ciudades con el fin de intensificar los ataques. Atacaron todo tipo de infraestructura con armas de fuego, armas hechizas y bombas molotov. Desde su inicio, las protestas han sido muy violentas. Sin embargo, se ha proyectado un imagen de represión desproporcionada y hasta de habla de “masacres” por medio de una tremenda maquinaria de desinformación en las redes sociales y los medios noticieros de la empresa privada y sus aliados internacionales. Un componente importante de la desinformación ha sido la manipulación de las cifras de fallecidos y heridos".

En su parte final, se expresa algo que tiene que ver con la reacción habida a nivel internacional desde el mundo de la intelectualidad y también de la izquierda:

"Con pocas excepciones, las y los intelectuales en América Latina y Europa han demostrado la misma ignorancia y falta de visión política, comprensión socio-económica y humildad moral que demostraron en el caso de Libia. No entienden Nicaragua. En el mejor de los casos han distorsionado y mutilado la realidad del país para que quepa en algún u otro marco ideológico que no responde a las características particulares de la sociedad y economía nicaragüenses. En el peor de los casos, apoyan los argumentos de la oposición política del país impulsada por ex-Sandinistas ahora bendecidos por Donald Trump y Mike Pence, aliados de Marco Rubio, Bob Menendez e Ileana Ros Lehtinen, al servicio de intereses corporativos como el Grupo Coen y sus homólogos regionales". 

El reproche resulta claro. Lo es por el poco esfuerzo realizado a la hora de  comprender lo sucedido, más allá de la información recibida por los medios de comunicación del sistema. También, por la coincidencia de pareceres con quienes representan el poder imperial. Y, por supuesto, por la falta de una solidaridad necesaria.

jueves, 17 de mayo de 2018

Las pistas de Fernández Buey sobre el mayo del 68

La revista El Viejo Topo (n. 364, mayo de 2018) el artículo de Francisco Fernández Buey "Tres pistas para intentar entender mayo del 68", publicado hace diez años en la revista digital Sinpermiso. Si entonces se cumplía el 40 aniversario, este año, con motivo del medio siglo, se están sucediendo numerosas publicaciones que se refieren al acontecimiento tan trascendente en su momento. El escrito de Fernández Buey resulta muy crítico con lo ocurrido, a la vez que busca desmontar aspectos mitificados. Veamos cómo lo hace

En la primera de las pistas parte de Guy Debord, autor del libro Comentarios sobre la sociedad del espectáculo publicado precisamente en 1988 (en castellano, en 1990, por Anagrama), para quien "lo más importante es lo más ocultado". ¿Y qué fue lo que no se ocultó? Pues que la derecha política de entonces redujo la interpretación de los hechos a una conspiración anarco-marxista, que el gaullismo salió fortalecido, que los restos de los grupúsculos marxistas los interpretaron como una crisis internacional del capitalismo y que los nuevos camaleones fueron adoptando sus interpretaciones según el momento (fin de las ideologías, gran fiesta juvenil, fin de las revoluciones, momento del reformismo...).

La segunda pista es desmontar el carácter festivo, para resaltar el gran susto. Primero, de la burguesía, pero también la pequeña burguesía, los partidos socialista y comunista, y parte de la intelectualidad y el mundo profesional. Desde el poder, con de Gaulle en la cúspide, el susto conllevó la movilización del ejército, la disolución de los grupos trotskistas y maoístas, el regreso de exiliados de la OAS... Y acabada la revuelta estudiantil, poco había quedado de la efervescencia iniciada en mayo. Más hacia el este, en Checoslovaquia, los tanques soviéticos pusieron fin a la Primavera de Praga. Años antes habían caído Lumumba, en África, y Guevara, en América, quedando sólo Vietnam, en Asia. Lo que vino después fue una revolución pasiva, también denominada a veces como cultural, que supuso la "integración por el sistema de todo aquello que puede ser integrado sin que cambie lo esencial". Pero Fernández Buey advierte: el individualismo contemporáneo, el de nuestros días, no salió de las ideas de mayo del 68, sino de quienes acabaron venciendo, incluyendo a quienes acabaron acomodándose. 

La tercera pista se centra en lo que pudo haber quedado o haber salido de los rescoldos del 68. Para  Fernández Buey los movimientos sociales que se fueron desarrollando años después, como el feminismo, el ecologismo y el pacifismo, no surgieron del movimiento rebelde. Éste se centró en el antiautoritarismo y el antiimperialismo. Sus orígenes habría que buscarlos en otros lugares, como las universidades norteamericanas, las manifestaciones en Gran Bretaña contra la guerra, los discursos de Martin Luther King o la Universidad Libre de Berlín.

Y como muestra de lo que Debord denominó como sociedad del espectáculo, que trivializó hasta los eslóganes, se alude una forma especial al célebre de "La imaginación al poder", que no es más que la expresión final de una proclamación más amplia y, sobre todo, jugosa: "Queremos que la revolución que comienza liquide no sólo la sociedad capitalista sino también la sociedad industrial. La sociedad de consumo morirá de muerte violenta. La sociedad de la alienación desaparecerá de la historia. Estamos inventando un mundo nuevo original. La imaginación al poder". 

martes, 15 de mayo de 2018

Leyendo y coleccionando el Manifiesto del Partido Comunista


Si hay una obra que es con diferencia la más leída de Marx -si bien, como debe ser, hay que mencionar obligatoriamente como coautor a su amigo Engels-, resulta ser Manifiesto del Partido Comunista. Escrita en 1848, para dar contenido político desde el mundo proletario a lo que en ese momento se estaba fraguando como el gran momento de una nueva revolución, a lo largo de los años, hasta nuestros días, no dejado de editarse y leerse. Ha sido mencionada en su título con distintas variantes (con o sin un artículo determinado en el inicio, con o sin la alusión al término partido), sin que por ello haya perdido que sea reconocido de una forma inconfundible. Sobre el porqué de esas diferentes menciones, sospecho que tiene que ver con la aparición a partir de 1918 del término partido comunista identificado con el bolchevismo. De ahí que, por ejemplo, en la edición de la editorial Progreso de Moscú se mantuviera el título originario y en otras se haya modificado, quizás para evitar dicha identificación.

Famosas son varias frases, fácilmente reconocibles y con una enorme carga (utilizo la versión de editorial Crítica, 1998). Una, la primera del libro, con aquello de: “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo”. La segunda, en el comienzo del primer capítulo, cuando dice: “La historia de todas sociedades existentes hasta el presente es la historia de la lucha de clases”. La tercera, al final del libro, en una mezcla de amenaza y esperanza: “Las clases dominantes pueden temblar ante una revolución comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen un mundo que ganar”.  Para a continuación lanzar el celebérrimo llamamiento internacionalista y unitario: “¡Proletarios de todos los países, uníos”!

Mi colección de ediciones del Manifiesto

A lo largo de mi vida me he hecho con varias ediciones de la obra, sumando un total de 25. No ha sido una labor que haya sistematizado  y menos que la haya tenido como prioritaria. Después que hiciera la primera lectura en una edición clandestina mecanografiada, allá por 1974 o 1975, mis primeras adquisiciones datan de 1976. La primera fue en la edición de Ayuso y la segunda, en la versión en viñetas, obra de Ro Marcenaro, que fue distribuida clandestinamente por el grupo Joven Guardia Roja, vinculado al Partido del Trabajo de España. Ignoro los detalles, pero recuerdo que acabó en polémica, pues al poco la editorial Tusquets publicó dicha versión, en la que se incluía una advertencia del autor sobre la improcedencia de la JGR. Luego vendría, entre finales de los setenta y principios de los ochenta, la adquisición de la edición clásica de Progreso. 

Hace unos años, con motivo del 150 aniversario de su publicación, fueron saliendo algunas y entre ellas suscitó mi interés la publicada por Crítica, que contó con una interesante introducción de Hobsbawm y aportó un formato mejor trabajado que la mayoría. Luego, según veía distintas ediciones, las iba adquiriendo, de manera que al interés que pudieran tener algunas, en mayor o menor grado, se le unió también cierto componente sentimental. 

No pretendo entrar en el detalle de cada una de las ediciones, pero hay algunas que me han concitado cierto interés y por distintos motivos. Sobre dos de ellas me extenderé en los siguientes apartados, si bien me gustaría destacar dos en las que, como ya ocurriera con la de Marcenaro, el arte de la ilustración está presente. Se trata de las realizadas recientemente por Juan Kalvellido en 2011 y Fernando Vicente en 2012 (Nórdica Libros).

Los comentarios de Hobsbawm

En el caso de la edición de Crítica, Eric Hobsbawm, que es autor de la Introducción, intenta, por un lado, remarcar la resonancia que tuvo la obra en su momento, y, por otro, delimitar aquellos aspectos que, incluso al poco de escribirse, han ido envejeciendo en relación a aquellos otros que pueden seguir teniendo actualidad. Entre los primeros menciona los términos condición social, democracia o nación, que “o bien tienen poca aplicación a la política de finales del siglo XX o bien ya no tienen el significado que tenían en el discurso histórico o filosófico de la década de 1840” (p. 17).

Entre los segundos resalta el historiador británico el diagnóstico hecho “acerca del carácter revolucionario y el impacto de la ‘sociedad burguesa’” (p. 20). También, una interpretación del modo de producción capitalista, presentado como “una fase temporal de la humanidad” y reconocido como una tendencia histórica “a largo plazo” (p. 21). E incluso, una visión del capitalismo en el que ya se consideraba que transitaba masivamente hacia la globalización (p. 23).

Hobsbawm apunta como una de las equivocaciones no la predicción del papel central de los movimientos políticos basados en la clase obrera, sino que fuera considerado como la única clase verdaderamente revolucionaria (p. 26). Aun con ello, destaca del Manifiesto un aspecto relevante, esto es, que el cambio histórico se hace a través de la práctica social y de la acción colectiva (p. 33).  

El análisis de Gareth Stedman Jones

Pasando a la edición de Turner, aparecen unas interesantes aportaciones complementarias a través del historiador británico Gareth Stedman Jones, autor de su Introducción, y de Jesús Izquierdo Martín y Pablo Sánchez León, del Apéndice, en este último caso referido a la difusión del Manifiesto en España y el mundo hispano, y el retraso y las dificultades que conllevaron.

Stedman Jones nos ofrece un trabajo relativamente extenso (135 páginas), donde hace un análisis tanto del Manifiesto como de los aspectos aportados por Marx y Engels, partiendo de sus trayectorias personales y señalando tanto los que se quedaron en el borrador inicial de la obra como los que se reflejaron en el contenido final.

Me ha llamado la atención su tratamiento de las contribuciones hechas por cada autor. Crítico, por basarse en consideraciones erróneas, con la idea de que Marx aportó una mayor dosis de humanismo y Engels lo hizo desde posiciones deterministas y positivistas, el profesor británico lo circunscribe al contexto de la Guerra Fría (p. 48). Destaca de Engels las descripciones que hace “sobre la transición de la propiedad feudal a la burguesa, el desarrollo del libre mercado y la formación del proletariado”, lo que conllevaría  una imagen teleológica de la crisis irreversible del capitalismo  (p. 47). Así mismo, remarca la influencia que tuvieron en él socialistas utópicos como Owen y Fourier, así como su mayor valoración del papel que debían jugar las comunidades socialistas, un aspecto que, no obstante, ya no aparecería en la versión definitiva del Manifiesto por influencia de Marx (pp. 48-52).

Marx ocupa una mayor extensión en esta introducción, sobre todo porque a él se le debe la interpretación nueva de la historia desde la relación existente entre la lucha de clases, las relaciones de producción y las fuerzas productivas, lo que llevó al propio Engels a reconocer que había sido una obra esencialmente suya (p. 47). A lo largo de casi 100 páginas Stedman Jones va desentrañando la relación de Marx con filósofos, juristas, socialistas, economistas, etc., las influencias que tuvo y las posiciones críticas que mantuvo con ellos. Siempre desde la consideración de Marx como una persona con una sólida formación universitaria (conviene recordar que estudió Derecho y Filosofía, doctorándose en esta última) y con una actitud tenaz, rigurosa e intransigente cuando abordaba cualquiera de los temas (pp. 51-52).

Vinculado en un primer momento a los jóvenes hegelianos, le llevó a hacer de Hegel la matriz de unos planteamientos, en los que rechazó del jacobinismo la abstracción de la idea de la razón, pero, a diferencia de la visión conservadora del propio Hegel, presentó la razón como producto de la historia (p. 55). Ese distanciamiento se fue ampliando con las críticas lanzadas a la religión y el cristianismo por Strauss (p. 59-60), Ruge (p. 60), Bauer (p. 60-63)… y sobre todo la reinterpretación por los jóvenes hegelianos del concepto de estado cristiano de Hegel como una estado republicano (p. 65-71). Para Marx esto supuso el acercamiento al comunismo, con la intención de aunar el radicalismo filosófico alemán con la política francesa (p. 71), y el inicio de la ruptura con Bauer por considerar que desconfiaba del pueblo (p. 73).

Su acercamiento a Feuerbach, al que consideraba el verdadero materialista, le aportó la idea de la reinversión de la dialéctica hegeliana y la consideración del cristianismo como responsable del individualismo de la sociedad moderna (pp. 74-80). A su vez, del acercamiento a Proudhon y Blanc tomó la noción de que la democracia no remediaba la situación de la clase obrera, sino la revolución social (p. 84).

Fue a partir de 1844 cuando Marx empezó a centrarse en él estudio y la crítica de la economía política, ampliando, de esta manera, sus campos de estudio, siendo el momento de sus Manuscritos de Economía y Filosofía. Con Hess, pionero en combinar la filosofía alemana y el socialismo francés, adoptó la noción de trabajo alienado (p. 88), pero acabó rompiendo con Bauer y Feuerbach, siendo este último el origen de sus conocidas Tesis sobre Feuerbach (pp. 104-105).

Pero fueron Adam Smith y Saint-Simon de quienes acabó tomando una serie de nociones que le llevaron a una nueva concepción de la historia. Provenientes del primero cobraron gran importancia en Marx a partir este momento las de división del trabajo y la de entender que el progreso material corría paralelo al crecimiento del mercado (pp. 106-108). Y de Saint-Simon, la idea que acabó planteando del comunismo, desde la consideración por éste de que el estado había sido necesario hasta la llegada de la sociedad industrial, a partir de la cual la asociación libre de productores conllevaría la administración de las cosas (pp. 125-126).

En las conclusiones Stedman Jones resalta que su relato anterior permite entender el porqué del ensalzamiento por parte de Marx del papel jugado por la burguesía. Es lo que explicaría lo que el Manifiesto refleja sobre la importancia de aspectos como la división del trabajo, la consideración de la propiedad burguesa como efímera o que la industria suponía una etapa de abundancia (p. 129).

Pese a ello, Stedman Jones plantea que tales apreciaciones acabarían años más tarde siendo matizadas por el propio Marx, como puede percibirse a través de obras como los GrundrisseLa ideología alemana o El Capital (pp. 129-130). Y es aquí donde Stedman Jones plantea su mayor crítica a la teoría del comunismo de Marx, de quien dice que con el tiempo hubo de introducir la noción de autoactividad (pp. 131-132), tuvo que considerar en mayor medida la de valor de uso (pp. 132-133) o dedicó parte de sus estudios a las formas  sociales precapitalistas y comunales de las praderas norteamericanas o las estepas rusas (p. 134). Y es que, según apunta, cuando se escribió el Manifiesto “en 1848 todo era más sencillo” (p. 134).

Ediciones del Manifiesto del Partido Comunista

Karl Marx y Friedrich Engels: Manifeste du Parti Communiste (Pekin, Editions en Langues Etrangères, 1970).
K. Marx y F. Engels: El Manifiesto Comunista (Madrid, Ayuso, 1976).
Karl Marx y Friedrich Engels: Manifiesto Comunista, con dibujos de Ro Marcenario [edición de la JGRE, 1976].
K. Marx y F. Engels: Manifiesto del Partido Comunista (Moscú, Progreso, 1978).
Karl Marx: El Capital. Manifiesto Comunista. Precios, salarios y ganancias, con traducción, noticias preliminares y notas de Juan B. Bergua (Madrid, 1985).
K. Marx y F. Engels: El Manifiesto Comunista, con traducción de Wenceslao Roces e introducción De Rogelio Blanco (Madrid, Endymión, 1987).
Marx / Engels: Manifiesto Comunista (Madrid, Akal, 1997).
Carlos Marx y Federico Engels: El Manifiesto del Partido Comunista, según traducción de Editorial Progreso de 1953 (Barcelona, DeBarris, 1997).
Karl Marx: El Manifiesto Comunista. Antología de “El Capital”, versión Elisa Dapia Romero, y prólogo, presentación y estudio de Frances Ll.. Cardona (Barcelona, Edicomunicación, 1998).
Karl Marx y Friedrich Engels: Manifiesto Comunista, edición bilingüe castellano/alemán, con introducción de Eric Hobsbawm y traducción de Elena Grau Biosca (introducción) y León Mames (Barcelona, Crítica, 1998).
Karl Marx y Friedrich Engels: Manifiesto del Partido Comunista, con traducción de  Núcleo Marxista Hilo Rojo y presentaciones de Màrius Lleguet e Ignacio Rodas (Barcelona, Curso, 1998).
K. Marx y F. Engels: Manifiesto del Partido Comunista, edición con motivo del 150 aniversario y extraído de la Editorial Progreso de Moscú (Juventudes Comunistas de Andalucía, 1998).
C. Marx y F. Engels: Manifiesto del Partido Comunista (Comité Provincial de la Juventud Comunista de Andalucía [1998]).
K. Marx y F. Engels: Manifiesto Comunista, basado en la traducción de Wenceslao Roces (Barcelona, Los Libros de la Frontera, 1999).
Marx y Engels: Manifiesto Comunista, edición de José Vicente Borja Caballer, Joan Pau Cimarro Ramasco y Xavier Jorge Alapont (Valencia, Diálogo, 2000).
Marx y Engels: Manifiesto del partido comunista, edición de Jacobo Muñoz (Madrid, Biblioteca Nueva, 2000).
Karl Marx y Friedrich Engels: Manifiesto Comunista, con introducción y traducción de Pedro Ribas (Madrid, Alianza, 2002).
K. Marx y F. Engels: El Manifiesto Comunista (Madrid, Libsa, 2003).
Karl Marx y Friedrich Engels: Manifiesto Comunista, con traducción de Wenceslao Roces (Buenos Aires, Prometeo, 2004).
Carlos Marx y Federico Engels: El Manifiesto Comunista, con prólogo de Alan Woods y traducción del Grupo de Traductores de la Fundación Federico Engels (Madrid, Fundación de estudios Socialistas Federico Engels, 2004).
Karl Marx y Friedrich Engels: Manifiesto Comunista, con prólogo de Francisco Fernández Buey (El Viejo Topo, 2005).
Karl Marx y Friedrich Engels: El manifiesto comunista de Marx y Engels, introducción y notas de Gareth Stedman Jones, y apéndice de Jesús Izquierdo Martín y Pablo Sánchez León (Madrid, Turner, 2005).
Karl Marx y Friedrich Engels: El Manifiesto Comunista (Barcelona, Público, 2009).
Karl Marx y Friedrich Engels: El Manifiesto Comunista, comentado por Raúl Calvo Trenado e ilustrado por Juan Kalvellido [2011].
Karl Marx y Friedrich Engels: El Manifiesto Comunista, ilustraciones de Fernando Vicente y traducción de Jacobo Muñoz (Madrid, Nórdica Libros, 2012).

70 años después de la Nabka, al represión israelí se endurece

Han pasado 70 años desde la proclamación del estado de Israel y los mismos de la Nabka, el Día del Desastre, el momento en que decenas de miles de familias palestinas fueron despojadas de sus viviendas y campos y se vieron obligadas a irse a otros lugares, en su mayoría fuera de lo que fue su país. Ayer se inauguró la embajada de EEUU en Jerusalem, la única abierta hasta ahora en esa ciudad. El presidente Donald Trump ha dado el paso, en contra por ahora del resto de países y en contra de la resolución de la ONU de hace 38 años, cuando se pidió la retirada de las embajadas ubicadas en Jerusalem y su traslado a Tel Aviv, entonces la capital del estado. 

El gobierno israelí, mientras tanto, sigue con su práctica represiva. En los dos territorios de la Autoridad palestina, pero especialmente en Gaza. El número de personas muertas durante estos días se cuenta por decenas y el herida, por miles. Se habla que las muertes superan las 70... Qué más da, porque la cosa no para. Y como si nada. Israel sigue siendo un estado aliado del imperio y de los países de la UE, por lo que puede seguir haciendo lo que le dé en gana.  

domingo, 13 de mayo de 2018

Mis lecturas de Marx

Podría tener 16 años, entre 1974 y 1975, cursando 6º de Bachillerato, el momento en que leí el Manifiesto Comunista. No lo hice en un libro convencional, sino en una copia mecanografiada que, según me había dicho mi hermano Seve, la habían hecho unas monjas. Luego, a través de Jose, fueron llegando a casa otros libros de Marx: los Manuscritos. Economía y filosofía; una antología de textos suyos y de Engels, titulada Sobre la religión -editada curiosamente por una editorial, Sígueme, que tenía su sede en el colegio de curas donde estudié hasta 5º de Bachillerato-, entre los que copié a máquina el “Prólogo a la Contribución a la crítica de la Economía Política” y las “Tesis sobre Feuerbach”; algunas obras de Engels (El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, y El Anti-Dhüring); la en aquellos años celebérrima obra de Marta Hacnecker, Los conceptos fundamentales del materialismo histórico; y otras de autores relacionados con el marxismo, como Wilhelm Reich y Carlos Castilla del Pino. Fue en el verano de 1976, durante mi estancia en casa de Jorge mientras yo trabajaba en Madrid, cuando leí Trabajo asalariado y capital, breve, pero muy fácil de entender para mí. Y también el momento que adquirí un ejemplar del Manifiesto Comunista, en la edición muy popular por entonces de Ayuso.

Con el paso de los años, desde finales de los setenta y a lo largo de los ochenta, fui ampliando las lecturas de clásicos del marxismo (Engels, Lenin, Trotsky, Stalin, Mao…), de una generación intermedia (Gramsci, Politzer) y de pensadores del momento (Althusser, Bettelheim, Sweezy, Sacristán, Claudín, Amin, Mandel, Harnecker, Bensaïd, Negri…). No faltaron artículos de diversas autorías y tendencias aparecidos en revistas como El CáraboArgumentosEl Viejo TopoHacia el Socialismo…  Tampoco puedo olvidar, relacionado con mis estudios universitarios, el contacto con historiadores que se centraban en los aspectos metodología o hacían del debate historiográfico un aspecto primordial de su obra (Cardoso, Pérez Brignoli, Vilar, Hobsbawm, Fontana, Wallerstein, Thompson, Brenner…), donde la polémica entre la historiografía marxista y la de la escuela de Annales estaba muy presente. Eso conllevó muchas lecturas y reflexiones personales, así como los debates-discusiones que desarrollábamos un grupo de compañeros y amigos de estudios.

Volviendo de nuevo a Marx, mi ampliación de adquisiciones y lecturas directas de obras suyas se concretó, en primer lugar, en las más propiamente de historia: la recopilación de artículos suyos y de Engels que hizo Manuel Sacristán en  Revolución en España, El 18 Brumario de Luis Bonaparte y Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850. También estuvo Miseria de la Filosofía, pero lo más destacado fue su obra cumbre, esto es, El Capital.

A la hora de su adquisición dudé entre varias ediciones, pero finalmente opté por una traducida por Wenceslao Roces y editada por la editorial mexicana FCE, quizás por el valor simbólico del personaje y de que fuera el primer traductor (no sé si el único) español de esa obra. Sus tres volúmenes y la densidad de su contenido no me amedrentaron a la hora de empezar a leerla. Lo hice al principio con ilusión y detenimiento, no siguiendo un orden estricto en los capítulos y centrándome más en aquellos que consideraba de mayor interés. El resultado final a día de hoy ha sido incompleto, destacando ante todo el primer volumen y dentro de él, lo relativo al proceso de producción del capital, la plusvalía y el proceso de acumulación.

En los años posteriores fui releyendo, según las circunstancias,  algunas partes de sus obras, siempre aderezadas con lo que pudieran aportar otros autores. Más recientemente he leído La crisis del capitalismo, con introducción de Daniel Bensaïd, adquirida dentro de la publicación de obras del pensamiento socialista que hizo el diario Público.

Obras de mi biblioteca personal

Karl Marx: El Capital. Crítica de la Economía Política, 3 vv., con traducción de Wenceslao Roces (México, FCE, 1973).
Karl Marx y Friedrich EngelsRevolución en España, con prólogo, traducción y notas de Manuel Sacristán (Barcelona, Ariel, 1973).
Karl Marx: “Tesis sobre Feuerbach”, extraído de Karl Marx y Friedrich Engels, Sobre la religión, edición de Hugo Assman y Reyes Mate (Salamanca, Sígueme, 1974).
Karl Marx: “Prólogo a la Contribución a la crítica de la Economía Política”, extraído de Karl Marx y Friedrich Engels, Sobre la religión, edición de Hugo Assman y Reyes Mate (Salamanca, Sígueme, 1974).
Karl MarxMiseria de la Filosofía. Respuesta a la “Filosofía de la Miseria” del Señor Proudhon (Moscú, Progreso, 1974).
K. Marx y F. EngelsEl Manifiesto Comunista (Madrid, Ayuso, 1976).
Karl MarxEl 18 Brumario de Luis Bonaparte (Barcelona, Ariel, 1977).
Karl MarxLas luchas de clases en Francia de 1848 a 1850 (Moscú, Progreso, 1979).
Karl MarxLa crisis del capitalismo, con introducción de Daniel Bensaïd (Barcelona, Público, 2010).

Otras obras leídas

Karl MarxTrabajo asalariado y capital (Madrid, Ricardo Aguilera, 1968).
Karl MarxManuscritos. Economía y filosofía, con traducción, introducción y notas de Francisco Rubio Llorente (Madrid, Alianza, 1970).

miércoles, 9 de mayo de 2018

1968: hace 50 años

1968 fue un año muy significativo en todo el planeta. En el mundo occidental, especialmente en Francia y EEUU, los acontecimientos que se vivieron marcaron un antes y un después. La conflictividad que se generó estuvo vinculada en mayor medida al estudiantado de las universidades, manifestándose con un elevado grado de radicalidad política tanto en la práctica como en la teoría. En Francia  se inició en el mes de mayo (y de ahí que derive el término "mayo del 68") dentro de la Universidad parisina de la Sorbona. Su alcance hizo tambalear en algún momento al gobierno del general De Gaulle. En EEUU, que tuvo su epicentro en la Universidad californiana de Berkeley, tuvo como principales rasgos la eclosión de un poderoso movimiento antirracista, sobre todo en medios afroamericanos, y la organización de numerosas movilizaciones antigubernamentales contra la guerra que su país estaba desarrollando en Vietnam. La novedad quizás estuvo en el elevado componente antiautoritario de los planteamientos políticos, que alcanzaron a numerosos aspectos de la vida cotidiana. Junto a la rebeldía contra el sistema capitalista dominante, también se presentó como una actitud de rebeldía frente a la generación anterior, de la que se puso en duda el modelo de familia basado en la autoridad del padre, el puritanismo en las relaciones sexuales o la sumisión de las mujeres. Abarcó también la expansión de nuevos gustos musicales (el rock principalmente) y formas de vestir, el uso creciente de otras drogas (marihuana, heroína, LSD...), etc. El 68 fue, en suma, semillero de movimientos político-sociales que se desarrollaron en las décadas posteriores, como el feminismo, el ecologismo, el pacifismo, etc.

martes, 8 de mayo de 2018

Colombia: entre la esperanza y los riesgos de una regresión

Leí ayer el artículo de Camilo Alzate "Diario de una decepción" (publicado en  Colombia Plural y Rebelión). Trata del proceso de paz en Colombia y la situación en que se encuentra en la actualidad. Está basado sobre todo en varias entrevistas realizadas a antiguos guerrilleros de las FARC, que le han transmitido sus impresiones personales y en las que no faltan ni la esperanza ni la desesperanza. Los miles de combatientes que se desmovilizaron están pasando por una situación difícil, angustiosa y muchas veces insoportable. 

El grado de cumplimiento de los acuerdos está siendo bastante bajo. Apenas se han culminado las infraestructuras iniciales de acogimiento, los servicios básicos resultan insuficientes, los programas de integración en la vida social no se están desarrollando... Y, lo que es peor, la violencia sobre los exguerrilleros no ha cesado. De un lado, se ha producido el asesinato de medio centenar de personas por parte de los grupos paramilitares. De otro, la acción del estado se está cebando sobre algunos dirigentes, como Jesús Santrich, encarcelado bajo la acusación de narcotráfico y en riesgo de ser extraditado a EEUU. 

El clima político y social que está viviendo el país es muy diferente al de décadas anteriores: ha cesado el nivel elevado de violencia que existía anteriormente, existen amplios sectores de la población que están participando con mucho interés e ilusión en el proceso de paz, hay una presencia importante de la izquierda en el Congreso... Pero persisten fantasmas del pasado. Hay importantes resistencias a que cambien las cosas. Se encuentran incrustadas en sectores del aparato judicial y policial, disponen de importantes apoyos en los medios latifundistas, controlan la mayor parte de los medios de comunicación, mantienen una representación política nada desdeñable...

Existe, por tanto, el riesgo de una regresión, consecuencia de las promesas incumplidas por parte del gobierno, la resistencia de sectores del aparato del estado o la no desaparición de la violencia ejercida por los grupos paramilitares. Se teme que se incremente el número de exguerrilleros que quieran retomar las armas o que haya quienes acaben asociándose a las bandas de narcotraficantes. 

El contenido del artículo se ilustra muy bien a través de Wilmar Asprilla, que, pese a todo, manifestó, su optimismo, apostando, como tantos más antiguos guerrilleros, por la paz e insistiendo en que "seguiremos en eso". Pero tuvo mala suerte: fue asesinado a balazos a principios de año.  

domingo, 6 de mayo de 2018

Crisis en Nicaragua: ¿una nueva intervención del imperio?


Nicaragua ha vivido a finales del abril una situación difícil. Las protestas contra la decisión del gobierno de reformar el sistema de pensiones ha sido el detonante. El balance de víctimas mortales, cuantificadas en una treintena, ha sido elevado. Finalmente el gobierno ha decidido retirar el decreto. La controversia está servida, pues en el seno de los grupos de izquierda no hay coincidencia a la hora de analizar la situación. 

Dentro de Nicaragua fue notoria la división que se produjo en los años noventa en el seno del Frente Sandinista de Liberación Nacional. El Movimiento por el Rescate del Sandinismo, surgido del FSLN y uno de los grupos opositores al gobierno sandinista, ha participado en las movilizaciones. Conocidos representantes del mismo se han pronunciado sobre lo ocurrido, con una postura radicalmente diferente de quienes defienden al actual gobierno sandinista y disienten de la valoración sobre la reforma de la seguridad social.

A la espera por mi parte de escribir una entrada, he optado por reproducir extractos de artículos o entrevistas de cuatro analistas políticos: tres nicaragüenses y un venezolano. Ernesto Wog es un politólogo venezolano; Alejandro Bendaña fue miembro del FSLN y embajador de su país ante la ONU durante los años ochenta; Carlos Fonseca Terán es hijo de Carlos Fonseca Amador, uno de los fundadores del FSLN;  Mónica Baltodano fue comandante del FSLN y actualmente militante del MRS

Recomiendo leer a través de los enlaces los artículos y una de las entrevistas, dado que la segunda se reproduce mediante un vídeo.


Ernesto Wong 

Hay una repetición del formato de Venezuela, del formato de Mairán, de Ucrania, como variantes, porque los procesos revolucionarios, populares, como es el caso de Nicaragua, que ha venido avanzando enormemente en el tema de la seguridad social, pues aplican una variante de Ucrania (…). Aquí se buscan más ciudades para que al mismo tiempo haya una repercusión en todos los medios de las cadenas que tiene EEU en el mundo.

(Extraído de una entrevista en la cadena TeleSur, 24-04-2018, reproducida en Cuba Información, http://www.cubainformacion.tv/index.php/america-latina/79118-nicaragua-sufre-el-mismo-modelo-de-desestabilizacion-que-venezuelaa-wong).


Alejandro Bendaña

En el fondo es la culminación lógica del modelo orteguista, que ha estado caracterizado por el autoritarismo y la concentración de poder y de control: en los poderes del Estado, las municipalidades, las universidades, en buena parte de los medios, incidiendo también en organizaciones sociales.

El FSLN dejó de existir. Si buscas una estructura –asamblea, consejo constitutivo– no la encontrarás, no existe en la forma en que las conocemos. Y ese modelo se mantiene. Se inauguró en 2007 y está cumpliendo otro período de diez años en el poder, proyectándose a otros cinco o seis más.

Muchos de los que están hoy en las calles en Nicaragua no conocieron los años ochenta. Nacieron después de 1990. Y casi el único gobierno que han conocido ha sido el de Daniel Ortega. Para contextualizar la situación actual es necesario señalar que la mayor parte de los nicaragüenses hoy en día son jóvenes.

En América Latina estamos viendo la culminación de un modelo que pudo sostenerse, en gran medida –como los ciclos de los gobiernos progresistas–, por los buenos precios de los commodities. Pero en el caso de Nicaragua –un país pequeño y dependiente– se sostuvo por los subsidios pasivos que llegaron de Venezuela y que, providencialmente, coincidieron con la llegada de Ortega al poder. Esto le permitió mantener el esquema neoliberal de la economía, complaciendo tanto al capital como a Estados Unidos, y también le permitió tener la suficiente capacidad financiera para acumular capital alrededor de nuevos empresarios sandinistas, para sustentar los programas sociales y para subsidiar al sector privado, que se benefició mediante exoneraciones y subsidios que, si se suman, equivalen prácticamente a lo que le ingresaba al régimen por la renta petrolera.

(Extraído de una entrevista en Brecha, 27-04-2018, reproducida en Sin Permiso, 29-04-2018; http://www.sinpermiso.info/textos/nicaragua-de-la-resignacion-a-la-esperanza-dossier).


Carlos Fonseca Terán 

Ahora le tocó el turno a Nicaragua; un país con envidiable estabilidad en una región inestable y después de sucesivas guerras; con índices de crecimiento de alrededor del 5% en los últimos diez años; con altos índices de seguridad ciudadana; y según datos del PNUD, uno de los países latinoamericanos con mayor disminución de la pobreza y de la desigualdad social durante ese mismo período de tiempo, o sea desde que volvió el sandinismo al poder.

Durante poco menos de una semana, el país literalmente, ardió. El detonante fue una reforma al seguro social –ya derogada–, que consistía en aumentar levemente las cotizaciones a los trabajadores y en mayor medida a los empresarios, y establecerla para los jubilados. Otra medida fue hacer que quienes devengan salarios superiores a determinada cantidad, paguen sus cotizaciones conforme al total de lo que ganan y no solamente hasta un determinado monto, como ha sido hasta ahora. Esta última medida tuvo como objetivo disminuir las posibilidades de los empresarios de desangrar la seguridad social al reportar altos cargos fantasmas con enormes sueldos, para luego cobrar al sistema de seguridad social los beneficios correspondientes. Pero el objetivo general del conjunto de medidas tomadas era resolver la crisis financiera del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), ocasionada por la mayor cobertura de la seguridad social y la mayor cantidad de beneficios que ésta otorga a los trabajadores. Esta fue la alternativa encontrada por el gobierno para no aplicar la propuesta del FMI, de aumentar la edad de jubilación y la cantidad de semanas requeridas para ésta, y eliminar las pensiones a víctimas de guerra y la pensión reducida a quienes teniendo edad de jubilación no hayan completado la cantidad de semanas, beneficio que implementado por el sandinismo al poco tiempo de haber regresado al gobierno en 2007.

Como puede verse, las medidas tomadas eran menos perjudiciales para los trabajadores que las planteadas por el FMI, las cuales habían sido respaldadas por los empresarios privados, quienes se manifestaron en contra de la reforma aprobada y que fue luego derogada; lo cual es normal, ya que los principales afectados eran los empresarios y quienes devengan altos salarios.

Por tanto, no es de extrañar que ningún sindicato y ningún trabajador hayan salido a protestar, a excepción de los empleados de las grandes empresas privadas – a quienes por cierto, éstas no dejan sindicalizarse –, obligados a marchar por sus patrones, los empresarios afiliados al Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP). Pero el protagonismo lo tuvieron varios grupos de estudiantes universitarios, sobre todo en algunas universidades privadas que reciben subvención pública para facilitar el acceso a ellas de jóvenes con escasos recursos.

Las protestas comenzaron con pequeños piquetes organizados por jóvenes de clase media alta y clase alta, que de manera recurrente organizan ese tipo de actividades en contra del gobierno sandinista. La variante esta vez fue que los enfrentamientos entre ellos y los jóvenes sandinistas de los barrios populares – llamados “turbas” por la derecha – generó un sentimiento de solidaridad en una buena parte del estudiantado universitario, que escaló la protesta colocando barricadas en la vía pública y enfrentándose a la policía con armas de fuego caseras, cuando ésta intentó despejar la vía.

(Extraído del artículo “Nicaragua en la mira del imperio”, publicado en Rebelión, 1-05-2018, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=240931&titular=nicaragua-en-la-mira-del-imperio-). 


Mónica Baltodano 

En Nicaragua el término “izquierda” está desprestigiado por un Ortega que se autocalifica de izquierda, antiimperialista y revolucionario. Lastimosamente ocurre lo mismo con el término sandinista. En estas jornadas hemos visto jóvenes que han quemado la bandera rojinegra. No porque no reconozcan a Sandino, o la lucha sandinista heroica de los años 60 y 70, sino por un rechazo al actual FSLN.

Para quienes desde nuestra adolescencia estamos luchando bajo los principios, valores y programa del sandinismo de Carlos Fonseca no deja de ser doloroso. Pero tenemos que entender que estos jóvenes identifican esa bandera con el gobierno que abominan. Sería absurdo pensar que por ello son de derecha. Ya hay muchos que entienden que para el orteguismo, el sandinismo terminó siendo solo una bandera electoral vaciada de contenido real de cambios. Hoy la bandera sandinista es patrimonio de la Nación entera, ya que Sandino es uno de los símbolos más importantes de la identidad nicaragüense. Mientras tanto, miles de sandinistas, de distintas generaciones, algunos ya «viejucos« acompañamos desde distintas trincheras estas luchas que vuelven a aportar esperanza. Se ha cumplido el sueño del padre Fernando Cardenal que decía “Yo sueño aquel día en que los jóvenes vuelvan a las calles a hacer Historia”.

(Extraído del artículo “Nicaragua: La rebelión del pueblo”, publicado en Sin Permiso, 4-05-2018, http://www.sinpermiso.info/textos/nicaragua-la-rebelion-del-pueblo).